Como el tío de los anuncios de turrón, vuelvo a casa por Navidad. Después de 6 meses fuera de aquí ya no me acordaba de lo cañí que es esto, así que la realidad absurda de españistán me golpea en la cara allá donde voy. No sé si es el jet-lag o es que le echan algo al agua, pero llevo sólo una semana aquí y no hay día en que no viva alguna situación idiotizante…
Lunes: El futuro de la ciencia en España
Estoy currando en mi antiguo despacho. Entra una zorra maquillada taconeando y mantiene esta conversación con mi compañera:
- Chicaaaa, que me he enterado de que el próximo lunes es festivo
- Si, y…?- dice la otra chica
- Pues que me cojo toa la semana de fiestaaaaa
- Pero te quedan días?
- No pero da iguaaaaal
Así nos va.
Martes: Sí pero no, subo pero bajo, voy pero me quedo…
Estoy en la calle, busco un cajero para sacar pasta. Encuentro una sucursal con dos terminales, una de ellas libre. Meto mi tarjeta y no me da la opción de sacar dinero. Espero a que acabe el tipo del cajero de al lado. Termina:
- Perdona, has podido sacar dinero?
- Si, sin problemas
- Ok, gracias
- Buenooo, es que no he sacado dinero
- … (poker face por mi parte)
- Buenooo, pero la opción si salía ehhhh
Inserto mi tarjeta. No hay opción de sacar dinero, claro.
Miércoles: WTF?
Subo con amigos al castillo de Montjuic a recoger el dorsal de la buff epic que corremos esa semana. El guardia de seguridad de la entrada nos aborda, muy amable el señor:
- Chicos, sabéis que hoy y mañana hay visita guiada gratis en el Castillo?
- Oh no lo sabíamos, que bien. A qué hora es mañana?
- Mañana no hay
4 poker faces y ya no sé si la gente que me rodea se ha vuelto tonta de forma colectiva o es que aún acuso los efectos del jet-lag.
Jueves: Borderline´s land
Voy a la universidad, tengo que depositar la tesis en el registro. Llego a la secretaría de la facultad, ese dechado de eficiencia y diligencia, feudo de marujas de las de carajillo y piti después de comer, inmunes a las miradas de odio de los estudiantes desatendidos que hacen cola para resolver papeleo inútil, como yo. Cuando llego a la ventanilla, cuatro seres de edad indefinida departen tras ella sin hacerme ni puto caso. 7 minutos después una de las cotorras se digna a mirarme:
- Qué querías?- Me espeta con mal tono, como si le hubiese molestado haber interrumpido su cháchara de mierda con las otras marujas
- Vengo a depositar la tesis
- Como se llama tu tutor en la facultad?
- Mónica Gates – respondo. Y aquí viene mi error, ya sea por deformación profesional o porque me he pasado el último medio año sin hablar una palabra de castellano: pronuncio Gates como /gueits/
- Espera que la busco.
10 minutos y muchos intentos después la tipa levanta la vista del teclado, airada:
- Tu tutora no se llama así, no hay nadie con ese nombre, no existe.
Y entonces caigo en la cuenta:
- Puedes escribir el apellido así? – Y le escribo en un papel /gates/. Y entonces sí, encuentra enseguida lo que busca. Y lo peor es que la secretaria idiota ni se inmuta, completamente inconsciente de su retardo mental y con una sonrisa bobalicona de suficiencia en la cara.
Viernes: Mother of god…
Estoy en mi despacho otra vez. Vuelve a entrar la zorra maquillada del lunes. La reconozco por el ruido de sus tacones y por el cacareo que la acompaña allá donde va:
- Chicaaaa, que ayer salí de fiestaaaaa
- Y? Responde con hastío mi compañera
- Que me metí mas rayas que Maradonaaa – grita a los cuatro vientos, orgullosa de su hazaña.
True story. Si eso es su jueves habitual miedo me da la semana de fiesta que se va a coger.
Los americanos me han dado menos juego del que pensaba, quizás porque apenas he tenido tiempo de integrarme en su sociedad, tan preocupado como he estado por hacer las cosas bien en mi nuevo laboratorio. Por otro lado, la gente de aquí sigue tan especialita como siempre: las cosas no solo no han cambiado sino que en cierto sentido han empeorado, es como si viviera dentro de una peli de los Monty Python. En marzo leo la tesis y vuelvo a Boston, ya estoy contando los días. Sólo espero no volverme demasiado loco hasta entonces.
