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Nit de Concert

abril 8, 2011

Me gusta la  música, pero no la basura edulcorada que pinchan en los 40, sino la música de verdad. Lo que no me gusta tanto son los conciertos, supongo que es la consecuencia lógica de mi falta de empatía y casi total ausencia de habilidades sociales. A no ser que este realmente entonado por litros de alcohol (cosa difícil porque no bebo), me cuesta sentirme participe de la experiencia religiosa que parecen compartir los individuos que acuden en masa a recintos feriales, eriales llenos de barro o salas pequeñas a cantar junto a sus ídolos.

Si tuviese que elegir, mi concierto ideal es el de música clásica. Para empezar no hay letra, así que la gente difícilmente se va a poner a corear nada, y aunque la orquesta sea famosa,  la dirija el mismísimo Zubin Mehta  o Maisky toque un preludio de Bach (escuchar bien alto) no se oyen vítores ni silbidos hasta el final. Aunque la gente que acude a ver y oír música clásica es más estirada y/o elitista que la gente normal, suele ser más comedida, más silenciosa y se limita a disfrutar de lo que escucha en su fuero interior.

Teniendo esto en cuenta, acompañar a A. a los conciertos que le gustan tiene para mí un punto de suplicio. Primero porque aunque su grupo favorito, llamémosle, no sé, Facto, no está mal del todo tampoco es me que apasione (después de la segunda canción todas me parecen iguales), y segundo porque suelen ser conciertos de risas y bailoteo, de niñatas que corean a voz en grito el último estribillo y de desfasados que bailan a tu lado sin percatarse del asquito que generan cada vez que invaden mi espacio mi vital y me rozan o se aproximan tanto que me llegan vaharadas de su etílico sudor.

Todas están consideraciones las tuve en cuenta cuando tuve que decidirme por su regalo de Navidad. Pero como no me gusta demasiado regalar cosas materiales (salvo libros y esculturas de hierro colado), me decanté por unas entradas carísimas para ver a su grupo preferido en el Palau de la Música. Al ser en el Palau, pensé, un sitio con historia, con butacas de terciopelo rojo y las musas mirando seriamente a los palcos y platea, la gente no habría de desfasarse demasiado.

Así que no pusimos nuestros mejores trapos, requeridos por un edificio de tal categoría, y hasta nos permitimos coger un taxi para apearnos delante de la puerta, cual cenicienta y su príncipe saliendo de la carroza.

La primera impresión me hizo temer lo peor: la puerta del Palau estaba llena de modernillos y gafaspasta, niñatos espigados con pantalones pitillo de esos que les marcarían el paquete si lo tuvieran, zapatillas Converse, pelos estrafalarios, maqueados para dar sensación de dejadez aunque se hayan pasado 3 horas delante del espejo recolocándoselo y bolsos, bolsitos y bolsazos de todos los tamaños y colores colgados del hombro o la cintura de ellos y ellas con aire indolente, sin distinción. Es lo que se lleva ahora. Y menos mal que van de gala porque el concierto es en el Palau.

Entramos y nos sentamos en nuestras butacas de primera y aunque apagan las luces y ruegan silencio por los altavoces los subnormales que se habían quedado fuera fumándose el último piti, como si se fuera a acabar el tabaco en el mundo mañana, entran en tropel, sin ningún tipo de decoro ni respeto. A veces lamento haberme dejado la Uzi en casa. Mientras entra el rebaño de borregos miro a mi alrededor y veo a mi derecha a una tipa de unos 40 años, maquilladísima y rubísima oxigenada (pero de cejas negras eso si, como si nadie lo fuese a notar), que viste un top ceñido y un tutú con el que apenas cabía en su butaca. Sí, yo tampoco daba crédito a mis ojos mientras mis labios emitían la palabra “gilipollas” en voz alta sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Actos reflejos que dicen.

Por fin se sientan los últimos retrasados mentales adictos a la nicotina y nos envuelve el silencio mágico y expectante que precede a la salida del grupo al escenario. Me relajo y me calmo y pienso que aunque me he llevado una mala primera impresión quizás finalmente pueda disfrutar del recinto del Palau y de la música bien tranquilo sentado en mi butaca. Craso, crasísimo error. Sale el grupo, rasga una guitarra y al segundo acorde ya están todos los modernillos de pie gritando a coro “dalegas”, mientras yo me pongo rojo y me hundo en mi sillón sintiéndome tan fuera de lugar como un político en una biblioteca…

Y así pasa el concierto, con la gente que jalea, la zorra del tutú y el gordo de al lado que me roza cada vez que desplaza su masividad intentando seguir a destiempo el ritmo de la música. Al final muerto ya de la vergüenza me pongo de pie, pensando que así destacaría menos entre la multitud, y antes de que las luces estroboscópicas del escenario me provoquen un ataque de epilepsia, mientras el clamor ensordecedor de mil gargantas llena el aire –dalegasjuani– y otras mil les responden –yaledoy– cierro los ojos, apago mi consciencia y salgo fuera de mi: un poste alto y recto, inmóvil,  rodeado de figuras sinuosas que no dejan de contorsionarse. Y me acuerdo de Freud y de las sociedades primitivas que estudió, de sus barreras mentales autoimpuestas, de los límites que no podían (o querían) traspasar…y así me veo allí, impávido, serio, abrumado… el puto infausto tótem, mi propio tabú.

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6 comentarios

  1. Qué reflejado me siento salvo en la absurda obligación de tener que acompañar a alguien a ningún sitio. Por cierto, compartimos el acto reflejo.


    • Eres muy duro Harry, a veces hay que capitular, aunque sea sólo como parte de la estrategia para alcanzar un objetivo mayor 😉

      Saludos!


  2. Unos porritos te hubieran anestesiado lo suficiente para soportar el suplicio 😉

    Como ya no se puede fumar, pues unas magdalenas de Cannabis y a disfrutar de la música!


    • Unos porritos y las luces estroboscópicas y el sonido tan alto y ya me hubiese vuelto loco completamente


  3. Enhorabuena por tus posts.

    No sabes cuanto me identifico contigo, aunque laboralmente no estoy en tu mismo campo.

    Por un lado, satisface saber que hay personas como tu, pero es desolador encontrarse como una isla en medio del Pacifico.

    Lo que a mi mas me ofende a la inteligencia es la cantidad de recursos malgastados.Da vertigo pensar donde estariamos como especie si se usaran racionalmente solo el 10% de esos recursos tirados a la basura. Como ya he dicho mi ambito laboral dista mucho del tuyo, pero las situaciones que cuentas,no me son agenas en absoluto.

    Cuando lo mas inimaginable que creas que pueda ocurrir, ocurre, es para plantearselo todo, entrar en “modo desespere”, y mandarlo todo a tomar por culo.

    Creo que esta situacion es un problema universal.Recuerdo un episodio de “los Simpsons”, en el que a Homer le sacan del cerebro, una cera de colores que se habia metido por la nariz cuando era pequeño.Ya sabes el final, supongo, se convierte de nuevo en un idiot ante la desesperacion de ver el mundo que le rodea.

    No creo que haya que entrar en “modo desespere”, ni convertirse en uno de ellos, tu sistema del iZen es muy aconsejable para mantener una estabilidad emocional. Yo uso ademas otra, pensar como actuaria un idiot, y hacer lo posible por preveer los acontecimientos..si, ya se, me vas a decir que es imposible, que la estupidez humana no tiene limites (citando a Einstein “Hay dos cosas infinitas : el universo y la estupidez humana, y del universo no estoy seguro”).
    Buena suerte, y no desesperes, que somos muchos , aunque no se nos note tanto


    • HOla,

      muchas gracias por pasar. Ya veo que te has repasado casi todos los posts XD …me alegro de que te hayan gustado

      El iZen es una estrategia que me suele funcionar la mayoria de las veces. La gente suele estar tan imbuida de su idiotizante patron moral que cuando les aplicas el iZen o pones de manifiesto lo idiotas que son en ocasiones, su cerebro simplemente no escucha lo que dices, aunque su subconscient si toma buena nota…

      ponerte en su lugar, como comentas, puede ser otra opcion; pero es que a veces la realidad supera a la ficcion y por mucho que quieras intentar entender como piensan o como actuan, al final siguen sorprendiendote :p

      Saludos y gracias por pasar!



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