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Federico

febrero 3, 2011

Llegó una fría tarde de invierno con sus pepinos bajo el brazo y su sombrerito borsalino descansado sobre su cabeza plagada de pelo frondoso y rizado (lo que se conoce en algunos círculos como un pelopolla). Se le veía tan desvalido y enclenque, tan falto de cariño que decidimos adoptarlo. Así fue como Federico paso a formar parte de nuestras vidas.

Lo malo que tiene vivir en el centro de Barcelona es que después de pagar el piso no te queda dinero para nada más. Eso es muy frustrante si tu único capricho/afición es viajar, así que las circunstancias nos empujaron a buscar un compañero de piso. Federico nos gustó desde el principio a pesar de ser italiano, porque no parecía mala persona y nos hizo gracia su chaleco multicolor, su colección de sombreros y su pelo rizado.

– Parecía un poco gay no? Me dice A después de la primera visita que hizo al piso

– Pues no sé, no me he fijado, quizás un aire si tenía. (es que yo en los tíos no me fijo mucho, y a no ser que sea una locaza no me doy cuenta de si es gay o no)

Al día siguiente me llama y en su mezcla de inglés e italiano me dice que le ha encantado el piso y que le gustaría quedarse, previo pago de 400 euracos cada mes claro.

–  Yo suo il Federico. Me ha encantato il pisillo. Can I move mañana?

–  Claro claro, sin problemas.

–  Un cosa mas. I am gay, is that a problema?

–   Bueno, I am not, is that a problem?

Parece que si era gay.

Y así al día siguiente lo teníamos en casa. Y ahí empezó nuestro calvario. Y es que tras su aire modosito y de no haber roto un plato se escondía un guarro de mucho cuidado. Para muestra un botón:

Me levanto, me encamino soñoliento al baño para lavarme los dientes y me encuentro toda la zona del lavamanos llena de pelitos cortos, cepillos incluidos.

–  Federico, what the fuck is this?

–  Oh, no mi hi dado cuento. Pirdonameee, pirdonameee.

Y ese “pirdoname” se convirtió en su cantinela habitual, porque la liaba día sí día también. A veces dejaba el baño tan encharcado que parecía que había tenido lugar una orgía de morsas en la bañera. Otras veces dejaba la cocina sin limpiar después de cocinar unos potajes que apestaban la casa entera. En otras ocasiones pasaba el aspirador a la 1 de la mañana y tenía que salir a decirle que se dejase de gilipolleces a esas horas de la noche. Y siempre, después de cada bronca que le echaba me respondía con un “pirdonameee” y se reformaba durante un par de días hasta que volvía a las andadas.

Al margen de eso era un tío de costumbres algo raritas. Se alimentaba exclusivamente de pizzas congeladas (manda huevos para ser italiano) y de unos purés grises que se pasaba horas hirviendo y triturando con la batidora a las 2 de la mañana. Lo único que tenía en el frigorífico además de las pizzas era una ingente colección de pepinos de todos los tamaños. Y aunque nunca le vimos comerse ninguno los iba renovando cada pocos días (no quiero pensar mal).

Un día llegó a casa después de un fin de semana fuera y le veo caminar por el pasillo a paso tortuga y apoyándose en las paredes.

–  Qué tal? Qué te pasa? Le digo al ver su cara contraída en un ictus de dolor.

–  I don´t knowww, me duele il barriga y no puedo andaree

–  Qué tiene que ver la barriga con andar?

–  Buenooo, es que no es la barriga, es más abajooo

–  La pierna?

–  Nooo, me duele el culoooo

Le miro inquisitivamente y leyéndome el pensamiento me espeta: Pero no ha sido por il sexooo ehhhh.

– mmmmm, yap.

Nunca supimos qué le paso exactamente, pero al día siguiente me preguntó si conocía algún proctólogo en el Idiots… si es que ansiar mucho cuando se trata de meterte objetos por el ano al final pasa factura.

Lo cierto es que a pesar de ser un guarrillo ha sido un compañero bastante comedido. Se pasaba el día en su habitación, incluso comía allí. Y sólo una vez subió a alguien a casa, y a este sí que le reconocí a primera vista: tupé imposible, camisa abierta dejando ver las fofas tetillas, pulseritas y cintas de colores, brillantitos por doquier y zapatos de charol acabados en punta, cejas depiladas y hasta me pareció intuir una capa base de maquillaje; vamos, una loca como dios manda. Viéndolos a ambos sentados en la culo-cama (así es como llamamos desde entonces a la cama de Federico, por el olor que dejó en ella al marcharse) me costaba imaginar cual de los dos era el activo. Nos lo presenta:

– Hola, aqueste es el mío amigo, Sisinio

– Nice to meet you. Le digo yo pensando que sería guiri

– Ah, que me hablas en inglés ,- me dice con tono de gilipollas condescendiente.

Así que como estoy en mi casa y no necesito mear en la esquina para marcar mi territorio le miro sin decir nada y le tiendo la mano. Me ofrece la suya con recelo: pequeña, blanda y sudorosa, de esas que dan asquito, y se la estrujo sin piedad para recordarle su condición de macho omega y que se guarde su tono de pija para sus amigas. Nunca más le volvimos a ver ni Federico se trajo más gente a casa, no sé porqué.

El tema es que más o menos convivimos y le educamos como pudimos. Hasta que llegó el día G, el día del incidente del gas.

La calefacción es cara. Yo llego a casa cada día a las 10 de la noche y la pongo 2 o 3 horas hasta que me acuesto. Pero Federico se pasaba las mañanas y las tardes en casa, así que le dije que si quería usar la calefacción  por la mañana la pagaríamos a medias, que yo no podía pagar 15 horas de gas al día cuando solo gasto 3. Me dijo que sí, que sin problemas, que no lo usaría porque por las mañanas no pasaba frío y que si se decidía a usarla me lo diría para compartir el gasto.

El tema es que pasó el tiempo y conforme el invierno se recrudecía el calor que notaba al llegar a casa era inversamente proporcional al frío que hacía fuera, muy newtoniano. Pero Federico callaba como una putilla así que le di un voto de confianza… El día G llegué a casa más temprano de lo habitual y la encontré anormalmente cálida, toqué un radiador y estaba caliente, aunque la calefacción estaba quitada. El tío me la estaba jugando con el gas, poniéndolo por las mañanas y quitándolo por las tardes antes de que yo llegase a casa. La ira me invadió y me desbordó, empecé a sudar adrenalina y la vena de la sien amenazaba con estallarme, pero no sé cómo conseguí controlarme, respiré hondo (muy hondo) varias veces y sin decir nada me fui al gimnasio, a desfogarme y cansarme con las máquinas en lugar de romperle la cabeza a Federico usando como arma unos de sus pepinos XL.

Dos horas después llego a casa más calmado y me encuentro con la casa más caliente si cabe que antes y veo a Federico salir de puntillas de la cocina, donde está el calentador de gas. La muy putilla había aprovechado el rato que había estado fuera para ponerla de nuevo y al oírme llegar había corrido a quitarla. Mamón. Federico, nuestro italiano con sombrero al que habíamos mimado y educado como si fuera nuestra mascota, nos estaba intentando timar. Fue en ese momento cuando la parte consciente de mi cerebro hizo “clic” y se apagó y me convertí en un kugelblitz de ira infinita y masiva, en un Juggernaut irrefrenable movido sólo por sus instintos más primitivos. El iZen, asustado, se replegó en mi interior y una única palabra llenó mi mente, cegándome por completo: destrucción. O mejor, distruzione (en italiano)

– Federico, te voy a preguntar una cosa y como me mientas duermes en la calle -le digo, la voz temblándome al tratar de contener la ira

El tío me mira lívido porque sabe la que se le viene encima y se acurruca en un rincón de la habitación cual perrillo faldero.

– quale motivo, que cosa sucede?

– Recuerdas lo que hablamos sobre el uso de la calefacción?

– Noo, yo no recordaaare, what are you talking about?

– Te he dicho que no me  mientas. Haz las maletas que te piras ya.

– Cómo dise?

– PIRARE!

– No, nooo perfavoreee

– Haz las maletas y no me calientes

– Noooo, he ponido la calefaccion, I have used it, pero iba a decírtelo

– Sí? Cuándo? En verano?

– Pirdonameee, pirdonameeee. No quería mentirte, pirdonameee…

Mil “pirdonameee” después le perdoné claro, nos dimos un apretón de manos y hasta un abrazo (me dio un poco de asquito porque duro más de la cuenta) pero las cosas no volvieron a ser iguales.  Una semana después, con premeditación y alevosía se fue del piso aprovechando que yo estaba de vacaciones de Navidad. Según le dijo a A yo le daba miedo y pensaba que cualquier día le iba a echar a la calle sin nada puesto. Qué tonto, al menos le hubiese dejado 15 minutos para hacer las maletas…

Ahora vivo tranquilo y en paz, sin encontrarme zurullos ajenos que me saluden alegres desde el fondo del wc por las mañanas, sin pelos en el cepillo de dientes ni restos de comida en la encimera. Eso sí, su habitación ya no la volvemos a alquilar: con 30 años compartir piso con estudiantes de 20 no es forma de vivir, los esquemas vitales de cada uno son diferentes y es difícil congeniar. Además, si algún día nos planteamos alquilar de nuevo sólo tenemos que asomarnos a su habitación para disuadirnos: aunque la hemos ventilado bien siempre queda un tufillo enrarecido de fondo, un olor adherido a las paredes, las sillas, la culo-cama… que nos recuerda quien estuvo allí y que si quieres poner un Federico en tu vida mejor te lo piensas dos veces (y haces sitio en la nevera para los pepinos).

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9 comentarios

  1. Brutal!

    Espero que nunca te comieras uno de sus pepinos como represalia 😉


  2. Ostias que mal tienen que estar las cosas para que tengais que adoptar a un Fedeguico.
    En tu condición de macho alfa tenías que haber adoptado una Fedeguica. Las italianas preparan buena pasta y dejan perfumado el baño, aunque ocupado por largos ratos.
    O una finlandesa que te tiente con su buena educación. Y así recuerdas los buenos tiempos 😀

    Dame un toque antes de irte a los USA!


    • Las cosas estan muy mal, tanto que dan asquito, y eso que no estas aqui y no estas inmerso en la mierda habitual formada por politicos corruptos, ministros lerdos y la puta ley sinde (o era ley de la puta sinde?)…

      Ya tuvimos a una finesa, y desde luego, ha sido la mejor compaera que hemos tenido, pero no se puede acertar siempre…

      Hablamos pronto!


  3. Llevaba un par de meses sin leerte y me he perdido lo de la conferencia y Harvard; ¡enhorabuena! Por cierto, ¿ya saben en el Idiots lo de USA? Deberías escribir una entrada sobre la reacción, ha debido de ser algo glorioso…

    Y lo del Federico, como la vida misma… que pocas sorpresas buenas que da; al menos ya tenéis a la ‘mascota’ fuera de la cueva.


    • Hola, gracias por pasar.

      La verdad es que mi jefe no se lo tomo tan mal como yo pensaba y no se ha armado mucho revuelo en el idiots. De todas formas, despues de 4 aos aqui ya toca acabar la tesis y emigrar, y si es a Harvard, pues mejor XD…adems seguro que los americanos me dan para escribir muuuucho

      Lo de Federico no tiene nombre, lo peor es que no me invento nada, que como bien dices, es real como la vida misma. Al poco de irse me llego la factura del gas: casi 300 eur, mas del doble de lo que pago habitualmente. Si algun dia me lo cruzo lo aniquilo. Nunca mais.

      Saludos!!!!


  4. […] Federicocienciadifusa.wordpress.com/2011/02/03/federico/ por Frikander hace 3 segs […]


  5. Hola acabo de ver tu blog y he leido todas las entradas, ante todo decirte, que posees una capacidad de ver el mundo que te rodea bastante imaginativa,sabes transmitir demasiado bien escenas diarias de la idiotez humana, de la cual estamos inundados hasta arriba, aportando algunas dosis de humor acido casi negro.
    Pagaria una nómina y media por poder leer la version de federico escrita con la misma acritud que la tuya.
    Te seguiré leyendo…


    • Hola Fran, gracias por pasar y leerme. Me alegra que hayas entendido el tono acido y negro del blog, q al fin y al cabo no es mas q humor, no todo el mundo lo entiende tan bien. Yo tambien pagaria por oir lo q Federico tiene q decir XD

      Saludos!

      Sent from my iPhone



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