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Porque No Tengo Porqué

enero 30, 2010

2:25:33pm – “¿Por qué no te comportas como una persona adulta?” Me dice A mientras ve como pego un chicle en el botón.

Acabamos de comer y estamos parados frente a la máquina de café esperando que acabe de rugir y vomite en un vasito de plástico lo que hemos pedido. Mientras el monstruo vacía sus tripas he pegado el chicle donde pone café con leche intentando arrancar una sonrisa de la cara de A, pero lo único que he conseguido de ella ha sido un reproche…

En condiciones normales le contestaría la primera tontería que me viniese a la cabeza, pero hoy he tenido noticia de la muerte de Salinger y me encuentro triste y pensativo, así que reflexiono durante un único segundo sobre mi respuesta: pienso un poco sobre el sentido de mis actos, de éste en concreto y de todos en general, de porqué soy como soy, de la finalidad última de mi ser. Y es que a mis casi 28 años sí que se supone que soy un adulto y vivo y trabajo rodeado de tales. La cuestión es que no quiero parecerme a ellos, comportarme como ellos…

Después de casi 4 años de tesis, viendo a la misma gente cada día y soportando las mismas tonterías, uno acaba un poco quemado, y aunque no sé lo que quiero hacer con mi vida si sé lo que no quiero hacer, lo que no quiero ser…: no quiero ser un gilipollas altanero y subnormal como el Gordo Cabrón (del que quizás hable más adelante), no quiero pasarme doce horas al día en un cubículo donde la única luz que ilumina es la fluorescencia enfermiza de los tubos colgados del techo, no quiero ser un hijo de puta amoral que te exige más y más sin dar nada a cambio, no quiero ser mi compañera capciosa y pretenciosa, que te toma por cómplice para hablar mal de los demás y luego poder hacer lo propio contigo, no quiero ser el post doc patético de 35 años que con mirada lasciva y los brazos en jarras, camiseta ajustada de manga corta ya sea invierno o verano, se pasea arriba y abajo por el pasillo desnudando en su mente a cualquier cosa con tetas que se cruce en su camino, dejando un rastro de saliva tras él…

Pero es difícil no ser como ellos, porque el amodorramiento bovino, el aletargamiento mental, el enfado perpetuo y el ceño fruncido y macilento son contagiosos…y el rasgo común de toda esta fauna que me rodea por doquier es que son “adultos”, así que por eso pego el chicle en la máquina, o en el techo, o donde sea. Porque no es algo que ellos harían, porque es algo que censuran, porque así arranco alguna sonrisa, mía o de cualquier otro, en este clima hostil… y así, como con el chicle, uso el lenguaje para jugar al desconcierto y al despiste, generando dudas y dobles sentidos en sus mentes “adultas” mientras yo me río de ellos en mi fuero interno…y estas pequeñas sutilezas cotidianas, sus caras de pasmo, me alegran un poco la mañana, pues son como pequeños oasis en el desierto de incomprensión y obstrucción mental, de conversaciones banales y personas vacías que me rodean cada día…

Así que respondo, claro…

2:25:34pm – “Porque no tengo porqué.”

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