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Descenso a la Subrealidad

diciembre 2, 2009

A ver si puedo explicarlo con palabras.

Es miércoles y me voy a casa de Juan. Hace tiempo que no nos vemos así que el plan es ponernos al día, cenar algo y si nos da tiempo ir a ver una peli mala en el cine.

Llego, ponemos música, nos contamos nuestras historias, nos reímos… Llega Jess y se une a nosotros. Ahora que somos tres decidimos alargar un poco más la velada en casa y sacamos unas birras y un tablero de parchís. Hace años que no juego y tengo problemas para coger el ritmo, aunque quizás no es la falta de práctica sino el alcohol que enlentece mi cerebro. Seguimos jugando  y encontramos un supuesto no contemplado en el juego que nos hace reír a carcajadas. Cada movimiento se hace eterno entre risas y tiradas. Al final gana Juan y pierde Jess. No está mal del todo.

Entre una cosa y otra hemos perdido la noción del tiempo y la hora del cine ha pasado hace rato, así que cenamos algo rápido  y encendemos la televisión… es aquí donde empieza mi descenso a la subrealidad. En el programa un grupo de dementes que parecen ser granjeros intentan cortejar en sus granjas a un puñado de chicas tratando de convencerlas para que se vayan a vivir con ellos al campo. “Qué surrealista”, me digo. Y así me sumerjo en el programa que me atrapa entre sus dedos catódicos: en una vertiginosa sucesión de imágenes veo a un tarado enano y cabezón que intenta besar a una chica que invariablemente pone cara de asco; a un paleto que lleva a una sílfide de tetas siliconadas a un hotel de lujo para, una vez sumergidos en un baño de espuma, intentar enamorarla delante de las cámaras en una de las situaciones más bizarras que se puedan imaginar. Me digo que algo no cuadra mientras veo como una chica escupe a otra en el ojo y se rie…Con esfuerzo aparto la vista de la pantalla y miro a mis amigos que miran sin ver con ojos vidriosos, atrapados en la subrealidad, desprovistos ya de toda cordura y raciocinio. Durante un segundo soy la única persona viva en la habitación, la única consciente. Doy otra calada y me giro hacia el tejedor de subrealidad. Imágenes toscas y aberrantes me alienan y llenan mi cerebro envolviéndome en su tejido pegajoso. Es Huxley, Orwel y Bradbury al mismo tiempo, es el futuro distopico en el presente y yo lo miro a través de los ojos burlones de mi máscara de Guy Fawkes, pero no es el parlamento lo que quiero volar, si no esta realidad… Me invaden el desasosiego y la pena, “no podemos haber caído tan bajo”, soy el único ser sentiente del universo, “es que nadie más se da cuenta?”. La subrealidad casi ha cerrado su cerco en torno a mi alma perdida y poco a poco me dejo llevar…

“pam”…un golpe en el piso de arriba…el sonido desgarra el tejido de la subrealidad y casi me permite ser algo consciente de mi mismo otra vez…

“ha escogido a Ani!” dice Jess, y la cadencia de su voz se entremezcla con mis pensamientos devolviéndome al mundo de pesadilla donde ya no sé lo que es real mientras alguien llora y alguien ríe en el tejedor de realidad…

“pam pam” dos veces ahora. Me aferro al sonido mientras me siento entre dos universos y no sé a cual pertenezco. El tejido que los separa es fino pero no fácil de rasgar… otro golpe me salva, mi cerebro despierta en la cubeta y abro los ojos en la que pienso que es mi realidad y aprovecho el lapso de lucidez para marcharme mientras mis amigos contemplan con ojos vidriosos la pantalla…

No puedo dejar que me atrape otra vez así que salgo corriendo de allí. Monto en mi bici y pedaleo con fuerza intentando salvar la integridad de mi cerebro, escapando de lo que acabo de vivir. Nunca he estado tan lúcido, tan consciente, así que me aferro a la tosquedad del mundo que me rodea para mantener mi cordura. Veo mendigos y putas, callejones oscuros, sombras en los portales, olor a absenta y madera vieja, una calle conocida y una llamada que no llega. Pedaleo más fuerte y me concentro en el aire que golpea mi cara. “Esto es real” pienso, “has vuelto”…

Llego a casa y por fin parece que los últimos vestigios de pesadilla se desvanecen de mi mente, y aunque aún me invade el desasosiego por lo vivido pienso que lo he conseguido, que no soy como ellos. La emoción de la revelación que he tenido me hace temblar  porque esta noche he jugado a los dados cara a cara con el tejedor de realidad y no me ha podido ganar, conservo la cordura un día más y estoy de vuelta en el mundo real…o casi, sólo necesito algo más a lo que agarrarme, un último empujón…

Así que me siento y enciendo el ordenador. Doble clic y cargo el programa. Mi nombre ya está puesto… conecto… es de noche en Azeroth.

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One comment

  1. xD Yo también tengo recuerdos de llegar a casa, encender el pc y ponerme a jugar hasta que raya el alba en Azeroth, pero de momento no me ha ocurrido el caso de un colega: descubrir a nivel 40 que tu personaje tiene un nombre diferente al que creías haberle puesto a nivel 1… xDDD



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